Cumplir treinta años, no es algo que ocurra todos los
días, es mas, solo ocurre una vez en la vida, y si además, tienes la
oportunidad de celebrarlo en Nueva York, es posible que sea algo que no
puedas olvidar jamás.
La velada había sido perfecta, un buen restaurante, buenos amigos, buenas risas y todo ello regado con un buen vino y unas copas en Webster Hall, uno de los locales de moda en la noche neoyorkina.
El local, como era habitual estaba a tope, gente con mucho glamour y otras con no tanto, pero sobre todo con ganas de divertirse y de pasarlo bien…aun no se como comenzamos a charlar, supongo que después de varios codazos y empujones para alcanzar la barra, allí coincidimos mientras ella pedia un Martini y yo intentaba que me sirviesen un Bourbon, las primeras frases banales, pronto se convirtieron en guiños que ni el ruido del ambiente lograba apagar.
Conversamos en la barra durante algunos minutos y pronto sus ojos comenzaron a llenar de luz aquel lugar y sin apenas darme cuenta, logro entrar de lleno en lo mas profundo de mis emociones, tenia la sensación de que me estaba enamorando de aquella mujer segundo a segundo, sus gestos, su sonrisa, su modo de hablar, el mundo dejo de existir y yo decidi que no había un lugar mejor en el mundo donde estar.
Decidimos sentarnos y conversar de un modo mas comodo, el tiempo se paro de repente, y todos mis sentidos de centraron en aquella mujer que me estaba arrancando el corazón a golpes de realidad, su voz, la calidez de sus palabras, su inteligencia, su simpatía y una madurez en su conversación que era muy poco común…las palabras volaban y yo no hacia mas que buscar excusas en la conversación para acariciar sus manos, la piel se me erizaba, mi corazón palpitaba y la sangre bombeaba a borbotones por todo mi cuerpo.
Un rato mas tarde, entrabamos por la puerta de mi apartamento…luz tenue, dos copas de vino, música suave y un ambiente calido, relajado, propio de cuando deseas que ese momento sea verdaderamente especial…nos miramos a los ojos, y estos susurraban sensualidad, susurros que recorrían todos y cada uno de los poros de nuestra piel…sin duda era el momento perfecto, el momento mas perfecto de mi vida, el momento que había anhelado y deseado toda mi vida, con la mujer que había estado buscando toda mi vida.
Y fue entonces cuando decidimos dar el paso, era la hora, nos miramos, sonreímos y encendimos el televisor, allí apareció Sarah Jessica Parker…sin lugar a dudas, esa seria una gran noche de, Sexo en Nueva York.
La velada había sido perfecta, un buen restaurante, buenos amigos, buenas risas y todo ello regado con un buen vino y unas copas en Webster Hall, uno de los locales de moda en la noche neoyorkina.
El local, como era habitual estaba a tope, gente con mucho glamour y otras con no tanto, pero sobre todo con ganas de divertirse y de pasarlo bien…aun no se como comenzamos a charlar, supongo que después de varios codazos y empujones para alcanzar la barra, allí coincidimos mientras ella pedia un Martini y yo intentaba que me sirviesen un Bourbon, las primeras frases banales, pronto se convirtieron en guiños que ni el ruido del ambiente lograba apagar.
Conversamos en la barra durante algunos minutos y pronto sus ojos comenzaron a llenar de luz aquel lugar y sin apenas darme cuenta, logro entrar de lleno en lo mas profundo de mis emociones, tenia la sensación de que me estaba enamorando de aquella mujer segundo a segundo, sus gestos, su sonrisa, su modo de hablar, el mundo dejo de existir y yo decidi que no había un lugar mejor en el mundo donde estar.
Decidimos sentarnos y conversar de un modo mas comodo, el tiempo se paro de repente, y todos mis sentidos de centraron en aquella mujer que me estaba arrancando el corazón a golpes de realidad, su voz, la calidez de sus palabras, su inteligencia, su simpatía y una madurez en su conversación que era muy poco común…las palabras volaban y yo no hacia mas que buscar excusas en la conversación para acariciar sus manos, la piel se me erizaba, mi corazón palpitaba y la sangre bombeaba a borbotones por todo mi cuerpo.
Un rato mas tarde, entrabamos por la puerta de mi apartamento…luz tenue, dos copas de vino, música suave y un ambiente calido, relajado, propio de cuando deseas que ese momento sea verdaderamente especial…nos miramos a los ojos, y estos susurraban sensualidad, susurros que recorrían todos y cada uno de los poros de nuestra piel…sin duda era el momento perfecto, el momento mas perfecto de mi vida, el momento que había anhelado y deseado toda mi vida, con la mujer que había estado buscando toda mi vida.
Y fue entonces cuando decidimos dar el paso, era la hora, nos miramos, sonreímos y encendimos el televisor, allí apareció Sarah Jessica Parker…sin lugar a dudas, esa seria una gran noche de, Sexo en Nueva York.
Este m encanta jijiji vaya tela!!
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