miércoles, 15 de febrero de 2017

COMO UN NIÑO




Por eso me dijo una vez, que solo lo kilómetros que separan los tiempos recorrerán los caminos, que solo las luces tenues esconderán las tristezas y los ojos oscuros devoraran el pasado, es quizá por eso que los reflejos del cielo se tatúan en algunas pesadillas, dejando tras de si, el poso amargo de la miel en los labios, quizá el azar de una llama candente o la música de un crepitar apagado sepan abrir los libros del sueño del presente, esos sueños que se cruzan junto a las ventanas abiertas y las puertas cerradas.

Quiza fue  la ceniza de una jarra repleta, repleta de miradas latentes y desposeídas, es  por eso que nunca andamos de frente, nos encogemos en la ironia de una hoja sin palabras ni chasquidos, en el margen de una pantalla repleta, en la anilla de reja recién pintada o en la parada de un botón descosido. Arrancando las señales de la fauces hambrientas , descubiendo que la luz nunca se apaga y que su brillo interminable solo se parece de repente y sin avisar, a la sonrisa de un niño.

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