Por eso
me dijo una vez, que solo lo kilómetros que separan los tiempos recorrerán los
caminos, que solo las luces tenues esconderán las tristezas y los ojos oscuros
devoraran el pasado, es quizá por eso que los reflejos del cielo se tatúan en
algunas pesadillas, dejando tras de si, el poso amargo de la miel en los
labios, quizá el azar de una llama candente o la música de un crepitar apagado
sepan abrir los libros del sueño del presente, esos sueños que se cruzan junto
a las ventanas abiertas y las puertas cerradas.
Quiza fue
la ceniza de una jarra repleta, repleta de miradas latentes y
desposeídas, es por eso que nunca
andamos de frente, nos encogemos en la ironia de una hoja sin palabras ni
chasquidos, en el margen de una pantalla repleta, en la anilla de reja recién
pintada o en la parada de un botón descosido. Arrancando las señales de la
fauces hambrientas , descubiendo que la luz nunca se apaga y que su brillo
interminable solo se parece de repente y sin avisar, a la sonrisa de un niño.
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