No se
dividir, lo delicado de lo triste, no se sospechar las raíces de un libro sin
cenizas, no se dibujar las caídas de los cestos de mimbre…
Las
palabras fueron menguando, junto a los gritos que ya no se escuchan, el sonido
efervescente de una calle doblada, contra una alfombra labrada y la malvada
perseverancia de un poeta que ya no tiene su revolución. Siempre hay salida
para cada habitación, una línea que trazar sobre el asfalto mojado de pasiones,
que rendidas se sujetan con cartones.
Siempre
hay canciones para cada martes, para cada solución traicionada, según bailen
los mares…todavía hay cuadros sin pintor, estos se enconden sobre sillas de
marfil que ya nadie mira, pero que aun dejan sus marcas en el suelo rociado de
alcohol y papeles con proclamas transparentes de futuros paralelos, hasta se
acaben los días pintados de rojo.
Los
relojes ya no miran al cielo, ahora sufren como las aspas de un ventilador
apagado que se debate entre lo que no ve y lo que no mira. Ante sus ojos esta
el disparo de un trofeo que nunca respira, acechando las pisadas de botas
manchadas de impunidad que nunca dejaron
de mirar atrás, justo detrás de los ojos que aunque cerrados, nunca dejan de
mirar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario