Hay
pocas sensaciones mas agradables, que la de levantar la vista, girarse sobre si
mismo, y ver que todo lo que alzanza tu mirada, te pertenece…eso mismo debió
pensar Henrik, cuando se paro a descansar después de su paseo de cada
mañana…tenia todo aquello que un hombre podía desear, juventud, poder, dinero,
mujeres y un vasto imperio que heredaría a la muerte de su padre, el Rey Handl
IV…No era demasiado ambicioso en ese aspecto y no tenia demasiada prisa por
hacerse cargo del Reino, su vida era demasiado comoda, jovial y tranquila, como
para ocuparse de las responsabilidades de un monarca… desflorar doncellas o
ausentarse de palacio durante semanas, le resultaba mas acorde a su carácter,
que las recepciones reales o los problemas propios del gobierno.
Aquella
mañana, Henrik se había levantado melancolico, añoraba algo, aunque no sabia
muy bien que era aquello que le preocupaba…aun permanecia inmerso en sus
pensamientos, por lo que no percibió la presencia de aquella dama que de pronto
se encontró a su lado, apenas la vio, enmudeció con la belleza de aquella
mujer, su pelo rubio y ondulado, dibujaba tirabuzones en el aire y su tez
blanca era como el reflejo transparente de un alma enbravecida…Henrik, apenas
pudo articular palabra cuando la tuvo enfrente, ya que los hermosos ojos azules
de aquella mujer, se tornaron de color negro y la guadaña que llevaba en la
mano, brillo con la luz del mediodía…Henrik entendió en ese momento, que
aquella mujer era la muerte que venia a buscarle…presa del pánico, tropezó en
dos ocasiones antes de huir enbargado por el terror y el miedo…nunca podía
haber imaginado, que la muerte tuviese un rostro tan bello.
No
recordaba haber corrido tan veloz como lo hizo en esa ocasión, y llegando a los
establos, subió a lomos de su caballo mas veloz…Henrik cabalgo durante semanas,
meses, atravesó prados, montañas heladas, visito países que no conocía y vio
animales de los que cuales ni tan solo sabia de su existencia…cabalgo hasta que
no pudo mas, cansado, rendido…decidió hospedarse en un lugar lejano, en la
posada de un viejo del que nadie sabia, en un lugar del que jamás nadie escucho
hablar, y del que según se decía, nadie había llegado nunca…
Cuando
Henrik abrió la puerta de su alojamiento, se encontró allí a la hermosa mujer
rubia, sentada, con su mirada oscura y sus rizos dorados acariciando sus
hombros, Henrik ya no tuvo fuerzas para huir, cayo de rodillas justo en el
momento en el que la bella dama, con una voz mezclada de dulzura y fuerza se
dirigía a el…
“
Henrik, cuando hace meses me viste en los jardines de tu palacio, no iba para
buscarte ese dia, solo fui para decirte…
que te esperaba hoy aqui "
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